Ganadores Micorrelatos 2017

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Hospitales

Enrique Díez Barra

Profesor de la Facultad de Ciencias y Tecnologías Químicas de Ciudad Real

Nunca le había visto así. Tenía otra imagen de él: subiendo talegas llenas de trigo a la cámara, cargando la mula con más de lo que parecía aguantar, picando pan para las migas del almuerzo del día siguiente, agarrando como un rayo por las patas de atrás a los conejos asustados por nuestra presencia, caminando delante del burro en que yo iba subido cuando íbamos a por judías verdes, con cuatro haces de támaras para hacer la lumbre de una semana,… Y sobre todas estas imágenes, la de su cara reluciente cuando nos veía bajar del coche de línea cada verano.

Hoy la cara estaba apagada y una mueca de dolor luchaba por aparecer en su rostro surcado por tantos años de trabajo ejemplar: aradas, siembras, siegas, acarreos, trillas y tantas noches de pastoreo. Estaba sentado, como casi nunca, y cerca de la lumbre, como casi nunca. “Abuelo, ¿vamos al hospital?” “No, amante, que ahí se muere la gente”

EL MAR DE LA SERENIDAD

Sandra Carabaño Plana

Alumna de la Facultad de Letras de Ciudad Real

Como era costumbre a esa hora de la noche, el llanto del bebé rompió el silencio. La mujer despertó, acurrucada en el sillón orejero con estampado floreado. Una manta de cuadros cubría su débil figura. En el suelo, la copa de vino se había derramado sobre la madera del piso.
La mujer volvió a cerrar los ojos y escuchó con atención. El bebé lloraba con fuerza, anhelando su cariño mientras la luna llena bañaba la habitación en plata y sombras.
Ayudándose de las manos, la mujer consiguió ponerse en pie. Sus largos dedos buscaron el ejemplar de Frankenstein que descansaba en la mesilla de al lado, el que siempre la acompañaba a todas partes. Lo envolvió en la manta con mucha delicadeza y comenzó a acunarlo para calmarlo. Aún con los ojos cerrados, la mujer lo acarició. Dentro de sus páginas descansaba la única foto que tenía de él, del bebé que lloraba, al que nunca le había visto la cara. Su bebé.

RELACIONES LABORALES

Ángel Gregorio Cano Vela

Profesor de la Facultad de Educación de Ciudad Real

¡Quién me iba a decir! Urbanícola hasta los tuétanos, curtida en el asfalto, fiestera y progre hasta dejármelo sobrado; superviviente de la movida madrileña y sus excesos… y aún hoy con pinta de jipi retro que delata una desubicación a prueba de GPS. Un cúmulo inefable de circunstancias junto a una inquebrantable militancia ecologista verde-que-te-quiero-verde nos trajo hace un mes a mi chico y a mí a esta aldea perdida en los confines de Extremadura. Una docena de gallinas autóctonas y un huerto libre de pesticidas serán nuestro sustento en este remanso de paz y amor. Nicolás, un viejo hortelano, nos ha dicho que un espantapájaros ahuyentará a las hermanas aves que acuden a devorar las hortalizas. Nos ha quedado niquelado, la verdad, ejemplar; con una bandera arcoíris que habría firmado el finado Gilber Baker por toda vestimenta. No llevaba ni cuatro días plantado cuando esta mañana nos ha espetado: ¿Cuánto dura mi jornada laboral? ¡Cabrones!
¡Será capull@!

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2017-05-09T11:55:30+00:00