Ganadores. Microrrelatos 2016

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EL TRUCO DEL MANCO

Julia Martínez Cano

Alumna Facultad de Letras. Ciudad Real

Apenas tenía cinco años y ya me quedaba embobada mirándolo, se me quedaba frío el Colacao mientras atendía sus movimientos. Primero la masa, luego la forma, después al aceite y, por último sacarlo fuera.
Antonio, el churrero de la Plaza de España, perdió la mano de joven. Tiene un pequeño muñón que cada mañana cubre con una prótesis de metal con un gancho para poder coger el palo. Desde que tengo uso de razón no recuerdo haber visto tal virtuosismo y mucho menos en un manco. Creo que me caló muy hondo.
Un día las maestras de mi colegio llamaron a mi madre: “Jugando con la plastilina ella hace bastoncillos, los enrolla en espiral y los corta. No sabemos qué significa”. Al día siguiente mi madre reía a carcajadas con Antonio, el churrero. Yo los miraba, churro en mano; de mayor quería ser churrera manca.

SOLOS ANTE LA VIDA

Maite González-Mozos

Alumna del Programa Alumni. Facultad de Humanidades de Toledo

Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel; y así consiguen evadir la cuenta. El padre con la mirada alta y fija en el horizonte de un rostro agrio. El niño arrastra sus pies de calcetines bajos, mueve las cansadas piernas con pantalón corto y un largo temblor le recorre el cuerpo. Los dos cargados con sus escasas pertenencias se encuentran en la concretada esquina de la gran avenida. El frío arrecia. Para el desaliento les sobran, los motivos. El hijo, que es manco, pronuncia con desgarro:
−Padre. Estoy asustado.
−Los hombres no tenemos miedo.
−Ya. –Y continúa con timidez el niño− Si aunque muchas veces lo siento sólo algunas se me escapa.

Mayte González-Mozos
Alumna del Programa Alumni. Facultad de Humanidades (Toledo)

LA OFERTA

MARÍA CRISTINA ESCRIBANO GÁMIR

Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de Toledo

Éramos cuatro. Cuatro desconocidos sentados en la sala de espera de una oficina. Habíamos acudido a la cita de la oferta de empleo: “los interesados deben ser graduados en Humanidades o Ciencias Sociales; no se necesita experiencia; ni dominio de ningún idioma extranjero; tampoco conocimientos informáticos. Imprescindible ser sordo, o ciego, o mudo o manco”, decía el anuncio de la empresa Amanece que no es poco. A primera vista, todos cumplíamos los requisitos. Entre los presentes, yo era el manco.
-Buenos días, dijo una mujer con bata blanca.
-Pueden pasar todos juntos, por favor.
En un gran despacho había un hombre sentado de espaldas a un ventanal. Tras unos minutos de silencio, se giró hacia nosotros sonriendo. Le faltaba un brazo, se cubría los ojos con unas gafas que no revelaban sino ceguera; por oreja tenía un pequeño muñón y su silencio nos reveló la ausencia de voz.

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2016-11-23T12:55:13+00:00