Ganadores Microrrelatos. 2014

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VACAS

José Reig Cruañes

Facultad de Periodismo (Cuenca)

Soy hombre de ciudad, lo admito, pero sé del campo lo bastante para darme cuenta de que las vacas de los prados no pueden tener todas las patas del mismo largo. Cualquiera se daría cuenta de que la inclinación natural del suelo exige un diseño asimétrico. Lo he visto mil veces desde la autopista: la parte de vaca que queda ladera arriba ha de ser por fuerza más corta, para comodidad del animal, o la otra quedaría al aire.
Se me dirá que la vaca no ramonea siempre del mismo lado, ni en la misma posición. Pero no hay pruebas de esto. Nadie la mira tanto rato. Sabemos que carece de imaginación. Incluso forma senderos a fuerza de pisar la misma hierba. Por cierto, ¿cómo se las arregla para volver por el mismo camino con las patas cambiadas? Tengo que pensar más en esto.

UN BENDITO MAL AIRE

Ángel Javier Aguilar Bañón

Biblioteca General (Albacete)

Fue un eructo. No las rosas que le envié, ni los poemas que le escribí, sino el enorme, libre y estentóreo eructo que se me escapó en su coche viniendo de Riopar, y que casi provoca un accidente. Tan de improviso la pillé que el susto le hizo girar el volante, rozar la grava del arcén, quedar a centímetros del abismo. Cuando recompuso la trazada se me quedó mirando, incrédula, con dos ojos como dos azules huevos fritos: “joder con el poeta”, dijo. Y esa noche por fin rompimos la barrera del sonido. Ella es tierra y yo agua, pero fue el aire el que determinó nuestra maravillosa relación. Amor con gas, rendido eructo.

EL ORIGEN

Héctor Blanco García-Tenorio

Escuela de Arquitectura (Toledo)

Todo calma, una calma que angustiaba. Sonaba el sosiego. Obscuridad. Gritaba, o al menos eso pensaba, pues gritaba en silencio. Ningún sonido producía mi poco acostumbrada garganta. Faltaba el aire, un aire que yo echaba en falta aunque pudiera respirar. Me faltaba el viento, el sol, la luz, la vida. Parecía haber sido confinado en un no espacio atemporal, olvidado. No sabía quién era, aún no se si era alguien, no lo creo. Me revolvía, me estremecía, luchaba en vano por salir de allí. Algo se me anudó al cuello, parecía una larga soga. Cuanto más me resistía más me enredaba. Mis esfuerzos por soltarme eran inútiles, me ganaba la partida, me costaba respirar, me ahogaba… Vi una luz. Una luz brillante que me sosegó. El dolor cesó. Mi angustia terminó. Todo calma. No, no morí. Comencé a vivir. Sietemesino y por cesárea.

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2017-03-21T14:13:50+00:00