Ganadores Microrrelatos. 2012

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Obsolescencia programada

-¡Menuda selección!, Mira-
-En busca del unicornio-
-Insustancial-
-El árbol de la ciencia-
-Sin emoción-
-La ciudad de los prodigios-
-¡Se vende solo por moda!-
-Cien años de soledad-
-Una barrera a la imaginación-
-El tiempo entre costuras-
-Aunque venda, No gusta ni a los editores-.
-1984-
-Anticipa un futuro irreal, por mucho que los intelectuales trasnochados lo apoyen para aparentar dejar de serlo-
-Ullyses-
-Ningún erudito lo recomendaría-
-Escúchame , todos esos títulos los he leído, algunos incluso dos veces, pero me niego a creer que tú lo vayas a hacer. Los atesoras en ese artilugio digital, y pretendes hacer creer que de repente te interesa la literatura, jamás degustaste ni un solo movimiento de tu selección de Beethoven del Mp3, ni ahora leerás más de 10 páginas de cada obra que mencionas-.
-Un libro siempre será un Libro-.

Daniel Mateo Blázquez
Facultad de Derecho (Albacete)

 

Nada es gratis

Hoy libro. Tengo las mejillas coloradas por el calorcito del sol que me está dando mientras estoy sentada en la piedra de mi patio. Me llega un olor de rosquillas que seguro están friendo en la casa de al lado; el mismo de la rebeca de mi madre y mi pelo cuando nosotras acabábamos de hacerlas. Rompo el hielo de un charco que se ha formado después de la pelona de anoche. Acabo mojándome los zapatos. Da igual, ya los arruiné ayer cuando nos sorprendió el aguacero al regresar del puente desde el que veíamos pasar el río y los peces. Llegamos a casa muertos de frío y de risa; nos quitamos la ropa y frente a la lumbre te acurrucaste entre mis piernas. Te quedaste dormido. Mientras te miraba, escuchaba el silencio de la noche y el latido de tu yugular. No sé qué hora sería.

Leticia Blázquez Gómez
Facultad CC. Jurídicas y Sociales (Toledo)

 

Agua y fuego

No recordaba ya cuántos días llevaba durmiendo al abrigo de aquel ciprés. Aquella noche había llovido sobre Berlín como Alexandra jamás recordaba. Aún así, el fuego crepitaba en la hoguera rodeado de montones de libros, que serían sacrificados poco más tarde. Entre aquella marea ingente de hojas se encontraba el único recuerdo que Alexandra conservaba de su madre. Cuando el soldado agarró aquel libro, ella lo reconoció al instante. Vio el resplandor del cuero granate como si no existiese nada más alrededor. Echó a correr. Sus pies descalzos chapoteaban en los charcos de barro y las gotas de lluvia empañaban su rostro. Su único objetivo era impedir que la memoria de lo que más amaba pereciese entre las llamas. Sin embargo, un disparo fue lo último que oyó. Sintió un calor abrasador en el pecho y se desplomó sobre la hoguera, compartiendo la misma suerte su recuerdo.

Esther Fernández Blanco
Facultad de Terapia Ocupacional, Logopedia y Enfermería (Talavera de la Reina)

2017-03-21T14:14:05+00:00